Muchas veces, en nuestro día a día, repetimos hábitos que creemos normales pero que en realidad aumentan nuestro nivel de estrés. Revisar el móvil constantemente, dormir pocas horas o dejar todo para última hora genera una carga mental innecesaria. También influye no tomar descansos, comer deprisa o no desconectar del trabajo fuera del horario laboral. Estos pequeños gestos se van acumulando y afectan tanto al cuerpo como a la mente. Identificar cuáles de estos hábitos hacemos a diario es el primer paso para cambiarlos. Sustituirlos por rutinas más saludables puede ayudarnos a sentirnos más tranquilos y con mayor control.